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Brandon, toda una historia de éxito


En el día a día, convivir con el síndrome de Down de Brandon y de todos mis alumnos en Declic, es una oportunidad de ver el mundo desde un lugar distinto: el de la simplicidad, el de las cosas pequeñas y deliciosas como una naranja jugosa o descubrir un nuevo programa en la computadora.

Hoy les comparto la vivencia de Brandon. Es un joven fantástico que estudió en una secundaria regular, donde hay muchos desafíos. Brandon vive con dos de sus hermanos, su hermana mayor que trabaja y es la responsable de su educación y con su hermano que estudia la preparatoria. Por las mañanas se queda solo un rato, antes de irse a la escuela. No es que le guste ni les guste a sus hermanos. Es la necesidad la que lo hizo aprender a manejarse solo un rato.

Cuando Brandon llegó a Declic, tenía sólo 10 años, estaba en 4o. de primaria, en una escuela regular con apoyo de USAER y no sabía leer ni escribir. Llegó a través de su hermana que en ese momento estudiaba Nutrición y hacía su servicio social en una escuela privada donde había niños con síndrome de Down que leían y escribían. 
Entonces nos contactaron y comenzamos a trabajar con Brandon. Primero trabajamos en la confianza en sí mismo, pues él estaba renuente a trabajar con la lectura: estaba seguro que era “tonto” y “no puedo leer maestra, yo tonto”, así decía y se iba a un rincón del salón. 
No sé si algún compañero se lo habrá dicho directamente, lo cierto es que aunque nadie se lo dijera expresamente, todos su compañeros leían, escribían y él sabía que no podía, entonces se lo decía a sí mismo. Y traía un cuaderno profesional de cuadrícula grande lleno de bolitas de principio a fin. 
Así que no fue fácil hacerlo cambiar de idea y enamorarse de la actividad de lectura. Fue con paciencia y constancia que lo logramos.

Quinto año fue el ciclo escolar del “despegue”. Hubo un gran trabajo de equipo entre la terapia, la familia y la escuela a través de la maestra de USAER que se capacitó con nosotros, aprendió el método fonético-gestual y apoyaba las tareas de la etapa en que nos encontrábamos haciendo ajustes a lo que necesitaba trabajar en el salón de clase, buscando las actividades con significado, con sentido práctico, pues es la clave de seguir avanzando con estos chicos. 
Una vez en la ruta de la lectura, fue mucho más sencillo seguir avanzando durante 6º. año. Y en el pase a secundaria también hubo un muy buen equipo de USAER y el subdirector de la escuela secundaria vespertina, con quien nos pusimos en contacto para hacer sensibilización en una junta de consejo técnico. Con los retos que implica tener muchos maestros, y muchas materias, Brandon se fue adaptando y aprendiendo de este gran universo. 
A los 14 años entró a 2o. de secundaria regular, con muchos desafíos. En ese momento vivía con dos de sus hermanos. Usando las alarmas del reloj del celular, haciendo bitácoras, aprendió a prepararse para ir a la escuela. Preparaba su mochila, su lunch, preparaba el dinero para tomar el “pesero”(el transporte colectivo), cerraba la puerta de su casa con llave, se llevaba el celular y caminaba hasta la parada que corresponde. Allí tenía que leer los letreros de todos los microbuses que pasaban y escoger el adecuado. Después tenía que bajarse en la parada correcta, caminar dos cuadras y llegar a la escuela.

¿Cómo logró aprender tantos pasos tan complicados para cualquier adolescente de su edad? ¿Cómo aprendió a hacerse responsable de sí mismo a una edad en que atrae tanto jugar x-box en lugar de bañarse? ¿Ver la televisión en lugar de hacer el lunch? ¿Quedarse a jugar con los primos en lugar de irse a la escuela?

No hay una sola respuesta, sino un cúmulo de respuestas. No se inició en este camino de un día para otro, se inició muchos años antes de “soltarle al mundo”. Se le dio la seguridad de que podía hacerlo cuando se le hizo responsable de su mascota, de alimentar y pasear a “Mustang”, cuando se le enseñó con paciencia una y 5 veces a hacer arroz y a preparar huevos con salchicha, para él y para todos. NO es que no existiera miedo de la estufa, de que lo atropellaran en la calle, de que pudieran asaltarlo, engañarlo, etc. Pero con todo y miedo, sus hermanos corrieron los riesgos, confiaron en Brandon y los apoyos que le proporcionaron la familia, Declic y la escuela.

Un día de clases llamaron a su hermana de la escuela, la maestra de USAER: que Brandon no había llegado a clases y todos se alarmaron. No contestaba el celular, una tía fue a buscarlo, las maestras lo buscaron en los alrededores y lo encontraron jugando en las computadoras del cibercafé a una cuadra de la escuela. Por supuesto que hubo consecuencias y aprendió. Otro día se gastó el dinero del lunch de toda la semana el lunes, y andaba pidiendo prestado a todos los que podía. Su hermana le enseñó a pagar y a quedarse sin comprar en la tiendita. 
Se le enseñó que es valioso cuando se le integró al grupo “conquista” (actividad de escultismo cristiana) y aprendió la importancia de trabajar en equipo, ser responsable por sí mismo y por los otros cada sábado en las actividades en el parque, en la calle, en la preparación de campamentos, en las caídas, raspadas, levantadas, que él como todos, sufría y les enseñaba a curarse y seguirle.

En Declic le dimos muchas estrategias de aprendizaje de lectura y escritura, de matemáticas y resolución de problemas con dinero, que le fascinan. Y en su familia y con su entorno le dieron la lección más importante: nos importas tanto que creemos que eres capaz de hacer las cosas por ti mismo, y no sólo para ti, también para los demás. Se lo han dicho de mil maneras, le han mostrado con el ejemplo, le han ayudado a hacer las cosas mil veces antes de que él las logre por el mismo.

Lo que más me asombra y admiro de su proceso, es que ha sido más la confianza que el miedo. El miedo a soltarlo, a que le pase algo, a que abusen de él y no se pueda defender, a que se pierda (ha pasado que se va a otro lado y no avisa y les mete un susto del tamaño del mundo). El miedo estaba ahí cada día que se iba solo a la escuela. Y sigue presente, pero han sabido exorcisarlo con la razón. El amor está presente en ambos, en el miedo y en la razón. En la razón (y todos los mecanismos para prever y proteger como el celular y el aviso de la maestra cuando llegaba a la escuela). Brandon aprendió a movilizarse y a respetar las necesidades de los demás. En el miedo, Brandon se paraliza. Y no es el miedo de Brandon el que lo paraliza, sino el miedo de quienes le aman y lo quieran proteger tanto que lo encierran en el mismo miedo.

Que bueno que es en la razón por donde caminan buscando nuevas maneras de hacerle crecer. Esta semana me platicó su hermana que no quiso ponerse chamarra por la mañana al salir de casa. Cuando le preguntó; ¿Por qué Brandon? “Porque yo vi en las noticias dicen que en México habrá sol. México, Cancún y La Paz habrá sol, por eso no me pongo chamarra para salir”. Eso es aprender a manejar la información para ser competente en la vida, ¿no creen?

Participó como actor en uno de los programas de Kipatla, la serie de televisión infantil producida por Conapred y Canal 11 donde actuó al personaje principal del capítulo  “Brandon, uno más en el equipo”.

Todo ha sido un caminar en la confianza, con miedo y esperanza…. avanzar. Correr riesgos, dar apoyos y estrategias, poner retos, aprender y reaprender. Ese ha sido el camino de Brandon y en Declic estamos orgullosas de ser parte de su caminar.
¡Felicidades Brandon por este nuevo logro!